Por Lucas Rodríguez
9 enero, 2019

Qué envidia. En mi casa solo entra el gobierno para embargar mis cosas.

Kim Fryer, una mujer londinense como cualquier otra, vive en su casa con sus hijos, un par de gatos y un perro. Ya está acostumbrada a los ocasionales ruidos producidos por sus mascotas, quienes circulan por la casa en penumbras hacia el patio o de regreso de él. Pero el sonido de una maceta rompiéndose contra el suelo de la cocina un poco después de medianoche no era parte de lo rutinario, así que decidió levantarse para ir a ver qué era lo que pasaba.

Supuso que alguno de sus gatos se había encaprichado con la planta. O que el perro se habría pasado de listo e hizo un desesperado intento por botar la bolsa con su comida. Pero no fue ninguna de las anteriores. La fuente del ruido había sido un pequeño zorrito, que huyendo del frío se había colado hacia su casa y acomodado en el lugar más tibio que encontró: el microondas.

TheDodo

“Algunas de mis plantas estaban destrozadas y había barro por todas partes. Mi hija prendió la luz y el zorro abrió un ojo, pero no se movió. Ahí nos dimos cuenta que no todo andaba bien en él”

–Kim Fryer

Kim Fryer se llevó un pequeño susto al encontrar al animal, pero rápidamente sintió lástima por él. Tanto así, que decidió perdonarlo en el acto por haber destrozado sus plantas. Luego llamó a una asociación protectora de animales, quienes acogieron al zorrito y le realizaron un examen médico.

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Apodado Mr. Fox (para que después digan que los ingleses no son creativos), el animal se veía débil y letárgico. Pero luego de que lo alimentaran y dieran un lugar cálido donde descansar, comenzó a recuperar su vitalidad. Al día siguiente, y tras haberse asegurado de que el zorro no sufría de ningún mal, los veterinarios decidieron liberarlo en los bosques cercanos a la casa de la sra. Fryer.

El día que los zorros puedan ser domes… ¿cómo? ¿Ya ocurrió?

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