Por Camila Londoño
12 enero, 2016

Hasta ahora, no había evidencia de ellas.

La población estelar de tipo III fue una de las primeras estrellas que brillaron el universo. Sin embargo, hasta ahora no se ha observado evidencia puntual de su existencia. Pero hay buenas noticias. Un grupo de astrónomos encontró lo que parece ser una de las primeras evidencias indirectas de su existencia.

Los astrónomo detectaron una nube de gas con una pequeña cantidad de elementos pesados como el carbón y el oxígeno.

Se observó además que dicha nube había surgido 1.8 millones de años después del Bing Bang. ¿Qué tiene que ver esto? El asunto, dice Neil Crighton (uno de los investigadores) es que estos elementos pesados como el oxígeno, no fueron fabricados durante el Bing Bang, sino que fueron fabricados mucho después por las estrellas, lo que nos da una pista de la existencia de esta población estelar. Pero retrocedamos en el tiempo para entender un poco más.

Según la historia química del universo, al principio solo había hidrógeno y helio.

Unos trescientos millones de años después del Big Bang se formaron las primeras estrellas y en su interior se fueron «cocinando» elementos cada vez más pesados (oxígeno, carbono, nitrógeno…). Entonces, cada generación de estrellas enriqueció el universo entero con elementos pesados. En cuanto al calcio en nuestros huesos, el oxígeno que respiramos y casi todos los elementos presentes en el mundo natural, se formaron en el corazón de las estrellas más antiguas.

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Ahora volvamos a la población estelar de tipo III y al descubrimiento de los astrónomos.

El profesor John O’Meara, miembro del equipo de investigadores, aseguró que la nube de gas que encontraron, es la primera en mostrar una pequeña fracción de elementos pesados que se esperaban encontrar en una nube enriquecida por las primeras estrellas.

Pero aunque la evidencia es válida, falta mucho para concluir la existencia de esta primera población estelar.

Esto se debe a que aunque pudieron medir la proporción de elementos en la nube, no pudieron determinar que el valor de dicha proporción hubiera sido enriquecida en definitiva por las primeras estrellas. Sin embargo, dice O’Meara, al encontrar nuevas nubes donde se detecten más elementos, será posible acercarse más a la solución sobre las primeras estrellas.

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Lo bueno es que con nuevas generaciones de telescopios se podrán observar directamente. De hecho es un objetivo de la NASA para el 2018. 

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