Por Constanza Suárez
24 diciembre, 2018

La perrita murió por un disparo de un policía. «Dormía conmigo, se levantaba conmigo. Sota me ha demostrado más amor que mi familia», dijo Tauri Ruusalu.

El malestar e indignación por la muerte de Sota, la perrita asesinada por un policía de un disparo, se ha hecho sentir tanto en Barcelona, como en el resto del mundo. Basta con ver las redes sociales repletas de comentarios y peticiones en búsqueda de justicia para el animal.

Incluso el Partido Animalista contra el Maltrato Animal (PACMA) convocó a una multitudinaria manifestación frente al Ayuntamiento de Barcelona exigiendo explicaciones sobre lo ocurrido y para exigir responsabilidad al gobierno municipal. Casi 200 personas mostraron su enojo, según consignó El País.

Twitter/PartidoPACMA

La policía municipal asegura que su agente actuó por defensa propia, porque el perro lo atacó, mordiendo su brazo. Además de que el animal estaba suelto en la calle y le pidieron a su dueño que lo atara, a lo que el joven se habría negado. Testigos y el propio propietario niegan que las cosas hayan sucedido así.

El caso de la bella Sota ha calado fuerte -además de porque es un animal indefenso- por lo injustificado de su muerte. “El abuso de poder también es violencia” se lee en el altar que la comunidad ha levantado en su honor en el lugar donde le dispararon.

Instagram/partidopacma/

Pero también conmueve porque ella era lo único que tenía su dueño, Tauri Ruusalu, un hombre sin hogar, quien quedó devastado con la partida de Sota.

«Dormía conmigo, se levantaba conmigo. Sota me ha demostrado más amor que mi familia», dijo a El País. En aquella entrevista también contó que la perrita lo ha acompañado desde que llegó a Barcelona, hace un año y cuatro meses, como mochilero. «Sota ha estado con niños y no les ha hecho ni un arañazo. No ha mordido a nadie. Tampoco al policía que la asesinó», agregó.

Twitter/PartidoPACMA

En un video publicado recientemente en las redes sociales, se ve la hermosa relación que ambos tenían. Las imágenes derriten nuestros corazones, pero también alimentan la sed de justicia.

Sota acompañaba a diario a Tauri a vender pulseras en la calle. Juntos sorteaban lo difícil de vivir en esas condiciones. Recientemente el joven acaba de denunciar ante el juez al agente de la Guardia Urbana que mató a su fiel compañera.

Por ahora, Tauri solo encuentra consuelo en visitar un improvisado altar que la gente ha ayudado a construir en la zona donde le dispararon a Sota. Lo peor que le podría pasar a una persona que vive en la calle, es que le arrebaten su única compañía en el mundo.

GoFundMe/Marck Fuentes

 

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