Por Alejandro Basulto
9 octubre, 2020

“Literalmente puedo practicar durante una hora sin que se mueva”, dijo Esther Abrami.

Para una violinista profesional como la francesa Esther Abrami, practicar unas horas todos los días es fundamental para mantenerse en constante mejoría y en buen ritmo en el arte que le apasiona. Sin embargo, tiene una compañerita, una pequeña y regalona amiga, que siempre choca con su interés por hacer música.

Esther Abrami

Ya que la gatita que adoptó, Rémila, le demanda tanto cariño como la necesidad de ella por tocar su instrumento favorito. A este minina le encanta acurrucarse en el regazo de su madre adoptiva, mientras esta última prefiere tocar el violín de pie.

Esther Abrami

En un principio Esther intentó solucionar esta situación, acariciándola antes y después de sus horas de practica con el violín, pero para su pequeña felina esto no era suficiente. Apena ella se paraba para tocar su instrumento, su gatita Rémila lloraba a sus pies.

Esther Abrami

Un dilema ante el que encontró una innovadora solución para mantener felices a las dos. Ya que halló una manera para que ella pudiera dedicarle tiempo a su afición musical, mientras de igual manera le hacía compañía y le dedicaba varios minutos a su minina.

“Intenté practicar sentada y ella se acostaba en mi regazo (…) Pero no siempre puedo estar practicando sentado (…) Tuve la idea de tener una pequeña bolsa en la que pudiera ponerla y tenerla alrededor de mi cintura (…) ¡¡Nunca pensé que le encantaría estar ahí!”

– contó Esther Abrami a The Dodo

Esther Abrami

Un plan que fue realmente repentino y del cual no se esperaba mucho, terminó siendo todo un éxito. Su gatita adoptiva se adaptó rápidamente en esa riñonera reutilizada, que ahora es un bolsa para gatitos donde Rémila es muy feliz reposando mientras acompaña a su humana preferida. Esther desde entonces puede practicar el violín y al mismo tiempo entregarle a su minina la atención y la comodidad que exige.

Esther Abrami

“¡Me di cuenta de que le encanta la música! Literalmente puedo practicar durante una hora sin que se mueva de la bolsa (…) Saber que disfruta de mi música ha creado un vínculo muy especial entre nosotras (…) Definitivamente hace que mi sesión de práctica sea más agradable, aunque a veces me resulta difícil concentrarme al ver lo linda que está durmiendo en la bolsa”

– dijo Esther Abrami

De esta manera, Esther por fin puede tocar su instrumento favorito sin que su gatita le llore por más atención y cariño. Además de que las dos se acompañan y Rémila además parece ser su seguidora y fan musical número uno, al vérsele muy tranquila y contenta mientras su humana hace maravillas con el violín.

 

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