Por Monserrat Fuentes
22 enero, 2019

Hércules corría a los vehículos de los rescatistas y les pedía que lo llevaran con ellos.

La situación de los perros callejeros que viven en fosas sanitarias o vertederos es muy dura, ya que tiene que convivir con desperdicios, enfermedades, entre otros factores, además del la falta de alimento y condiciones de higiene necesarias para asegurar su bienestar. En un basurero de Córum, Turquía, había un perrito que estaba dispuesto a salir de ahí a toda costa.

Su nombre es Hércules y ya identificaba todos los vehículos de los voluntarios que se acercaban regularmente a ofrecer comida, agua y vacunas a los más de 800 perritos abandonados que viven ahí, según fuentes de We Love Animals.

Rescuers Without Borders

Cada vez que veía a un coche familiar se acercaba y posaba sus patitas delanteras en la ventanilla, como rogando porque lo llevaran con ellos.

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Las temperaturas frías y el acceso limitado a alimentos y agua limpia hicieron que la supervivencia fuera extremadamente difícil. Una organización de rescate llamada Salvadores sin Fronteras (RWB, por sus siglas en inglés) hace todo lo posible por ayudar a estos perros.

Como era muchos perros, tuvieron que darle prioridad a los cachorros y ancianos, ya que tenían las menores posibilidades de sobrevivir. Por desgracia Hércules no calificaba en ninguna de estas dos categorías.

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Pero sus deseos de salir de allí eran tan grandes que al poco tiempo pudieron cambiarle la vida a Hércules y dale un hogar.

Una voluntaria de RWB con sede en Illinois llamada Amanda Cunefare resultó ser la candidata perfecta, ya que también había adoptado a una perra de 10 años llamada Dudas del mismo relleno. Dudas en realidad era mejor amiga de Hércules cuando estaban en el relleno sanitario y desde su partida a Hércules no le había ido bien por su cuenta y la extrañaba mucho.

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Después de conocer la fuerte amistad entre Dudas y Hércules, Amanda no pudo resistirse a los encantos del perrito y decidió adoptarlo. En mayo del 2018 llegó sano y salvo a Estados Unidos para comenzar un nueva vida.

Los dos perros se reconocieron de inmediato y comenzaron a jugar como si nunca hubiesen estado separados. Se volvieron inseparables, tal como lo fueron en el Vertedero de Turquía.

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