Por Diego Aspillaga
11 febrero, 2020

Kai Wild esperaba salvar miles de vidas animales en una isla que fue destruida por las llamas. No esperaba encontrarse con un desierto lleno de hambre, muerte y cenizas. El fuego se apagó en Australia pero la crisis continúa.

El fuego ardió por más de 4 meses en Australia. Personas y animales pasaron más de 120 días luchando contra un verdadero infierno que amenazaba con destruido a un país entero.

EITB

Las temperaturas bordeaban los 70 grados Celsius, el cielo se teñía de rojo por las llamas, el humo y las cenizas. Las casas estaban vacías, los caminos llenos de los cadáveres de los más de mil millones de animales que murieron en el transcurso de los incendios forestales más voraces y destructivos de la historia australiana.

Pero no hay mal que dure mil años ni incendio que arda para siempre. Luego de interminables meses de plegarias y lucha, una serie de tormentas ayudó a los habitantes del subcontinente a controlar las llamas y si bien se produjeron inundaciones en algunas localidades que amenazaban con cambiar una catástrofe por otra, al menos el fuego se había apagado.

NSW RFS

Esto, sin embargo, no significa que la crisis haya terminado. Al menos no para los animales de Australia.

Así lo evidenció el testimonio del voluntario Kai Wild, quien se ofreció a ir en ayuda de los koalas que vivían en la Isla Canguro, un santuario que fue duramente afectado por el fuego.

Kai Wild

El hombre esperaba poder salvar la vida de los pocos koalas que habían sobrevivido a las llamas y que ahora estaban esperando su ayuda. Lo que no esperaba era que si bien el fuego se apagó, los animales siguen luchando por no extinguirse y están perdiendo la guerra.

«Mientras conducíamos esta tarde, encontramos lo que temía y lo que estoy aquí para evitar que ocurra. He visto muchos koalas que se han quemado hasta la muerte. Cientos».

Kai Wild

«He visto koalas que se están descomponiendo porque murieron de hambre hace semanas, pero no había visto un koala que haya muerto de hambre recientemente, en el tiempo que llevo aquí. Hasta hoy», escribió el hombre en su Facebook.

Y es que el panorama que Kai ve todos los días es desolador. Cientos de koalas muertos debido a sus quemaduras, otras decenas ya descompuestos por el hambre. Todo en el contexto de un bosque muerto, de cenizas que aún humean, de un lugar que solía ser una fuente de vida silvestre y que ahora era un cementerio.

El impacto es tal que Kai no puede aguantar las lágrimas. Todos los días, el rescatista voluntario termina con lágrimas en los ojos. Algunas veces la tristeza lo envuelve, otras la rabia invade cada uno de sus pensamientos. Independiente de qué emoción lo visite, el resultado siempre es el mismo: llanto.

Kai Wild

«Hoy fue otro día muy ajetreado. No lloré durante el desayuno, pero lloré de rabia por lo que creo que es la primera vez en mi vida. Agárrate fuerte porque el hospital se está desbordando, los koalas están comenzando a morir de hambre y no podemos darnos el lujo de llenar esto».

Como si las experiencias de Kai Wild no fueran lo suficientemente traumáticas, a estas hay que sumarle la impotencia y la furia al ver que la ayuda tanto nacional como internacional no está bien coordinada y que muchas muerte de koalas pudieron haber sido prevenidas.

Kai Wild

«Hoy me di cuenta de que soy el único que saldrá y colocará estaciones de alimentación de koalas en estas plantaciones donde los koalas están a punto de morir de hambre. Aunque hay organizaciones que dicen que hay 120 personas aquí para alimentar a los animales. Al parecer, las plantaciones son peligrosas», escribió lleno de ira.

Kai Wild

«Aparentemente, los árboles de los que he estado trepando para rescatar a los koalas son demasiado peligrosos para estar aquí donde estoy ahora. Para alimentar realmente a los koalas hambrientos«, agregó.

Kai sigue luchando para salvar la vida de los animales de la Isla Canguro, y sigue llorando todos los días al ver la desolación provocada por los incendios. Si bien sufre constantemente, los pocos rescates exitosos que ejecuta logran levantar su espíritu lo suficiente como para aguantar otro día más. 

Kai Wild

El fuego se apagó pero la crisis en Australia está lejos de terminar. No hay que dejar de ayudar, aún no termina la batalla.

 

Puede interesarte