Estaban cubiertos con figuras demoníacas, las mesas eran ataúdes y los candelabros esqueletos.

Las noches parisinas de la «Belle Epoque», generalmente terminaban en un cabaret al estilo Moulin Rouge, bailando can can o teniendo una acalorada discusión sobre política, arte o filosofía. Siempre había alcohol, humo de cigarro, desorden y personajes interesantes, para que artistas de la talla de Toulouse-Lautrec, Modigliani o Edgar Degas, pudiesen retratar en sus pinturas.

La Belle Epoque o en español, Época Bella, que se vivió desde a finales del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, se caracterizó por ser una iluminación en todo sentido para la sociedad… o por lo menos a la luz del día.

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¿Y a qué me refiero? En el Boulevard de Clichy, el barrio bohemio de París, 2 cabarets o mejor conocidos como clubes nocturnos, llamaban la atención por su aspecto macabro, tanto por fuera como por dentro. Me refiero al «Cabaret de Infierno»y el «Cabaret de la Nada» o de «los Muertos».

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Así, una diabólica boca te separaba de la calle con el mismo infierno en el cabaret que llevaba ese nombre. Adentro estaba oscuro, las paredes de los pasillos llenas de grietas de las que salía una imitación de lava dorada, llamas y humo como si se tratara de un volcán. Y como ya podrán imaginar, en las salas principales, las paredes estaban cubiertas con figuras demoníacas en posiciones amenazante, las mesas eran ataúdes y los candelabros eran esqueletos humanos. 

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Todo estaba en las penumbras.
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Pero eso es tan sólo una parte. Estos cabarets buscaban entregar una experiencia completa, donde los camareros se disfrazaban de diablos, vampiros o sepultureros que amenazaban a los clientes, donde los músicos interpretaban Fausto alrededor de un enorme caldero, mientras eran «fustigados» con hierros candentes, y donde una cerveza, un licor de cereza y uno de menta, se traducían en algo así como: Microbios de cólera asiático del último cadáver, una pierna con cáncer y gérmenes de la casa, que cuando llegaban a la mesa, eran acompañados por frases del estilo: “Esto preparará sus intestinos y los volverá invulnerables a las torturas de hierro fundido que enseguida serán vertidas por sus gaznates… Recuerden que aunque en el infierno hace calor, tienen más bebidas frías por si desean”, agregaba el camarero, o mejor dicho, diablo.

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Había espectáculos en vivo y trucos de magia.
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Junto a estos locales, hubo otros tantos cabarets de índole menos macabra pero sí extraños. “Les Truands”, estaba ambientado en la Edad Media, “Le Rat Mort” fue un local para lesbianas en pleno siglo XIX, “Le voyage à Lilliput” era el preferido de los enanos, y finalmente el «Cabaret du Ciel» o «El Cabaret del Cielo» se encontraba justo al lado del «Cabaret del Infierno» y representaba como ya podrán imaginar, un lugar celestial con muchos ángeles y nubes.

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Cabaret del Cielo
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¿Te hubiese gustado visitarlos? ¿Crees que faltan este tipo de experiencias hoy en día? No dejes de compartir tu opinión con nosotros, y en caso de que quieras viajar a París en el corto plazo, entonces aprovecho de entregarte estos entretenidos panoramas.

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