Por Antonio Rosselot
16 noviembre, 2017

De los 379 “habitantes” que hay en la aldea de Nagoro, sólo 29 son humanos.

La aldea de Nagoro, ubicada en la prefectura de Tokushima, Japón, es una localidad de muy difícil acceso emplazada en el camino que lleva al monte Tsurugi. Y su historia es bastante particular: se dice que este lugar fue un escondite de los samurái del clan Taiga, hace alrededor de 800 años. Y claro, como está rodeado de montañas y espesas capas de bosque, funcionaba como un perfecto y casi imperceptible refugio.

La aldea de Nagoro. (Thomas Peter)

Pero no vamos a seguir profundizando en esos hechos tan antiguos, sino que nos enfocaremos en su historia más reciente. En los últimos 60 años, Nagoro pasó de ser un lugar con varios habitantes y alta actividad, a ser prácticamente un pueblo fantasma: hoy en día, ahí sólo viven 29 personas. La razón más común para el éxodo de sus habitantes era, justamente, lo desconectado que está el lugar del resto de la civilización. La ciudad grande más cercana es Kobe, a aproximadamente cuatro horas en carro desde Nagoro.

Pero Ayako Tsukimi (67), quien fue parte de esa masa de gente que partió de la aldea, decidió revivir el lugar, pero a su manera. Hace 14 años, volvió a Nagoro para cuidar de su anciano padre, y aprovechó de comenzar con un “servicio” a la comunidad bastante particular: para reemplazar a quienes vivían antes en la aldea, decidió confeccionar una serie de muñecos.

Francisco Jiménez de la Fuente, BBC

La casa de Ayano está repleta de muñecos. Sin ir más lejos, en su propio living recreó un matrimonio japonés, con novios e invitados incluidos. “Son como mis hijos”, cuenta la mujer.

Francisco Jiménez de la Fuente, BBC

Y el espectáculo no es distinto en el resto del pueblo: se pueden ver muñecos con motosierras, llevando carretillas, esperando el autobús, aprendiendo en la escuela, descansando a la sombra de un árbol…Nagoro está repleta de muñecos, y eso la ha hecho reposicionarse a nivel mundial y ganar reconocimiento por su particularidad.

Francisco Jiménez de la Fuente, BBC

La forma en que Ayano Tsukimi arma los muñecos es digna de análisis. En el taller que la mujer tiene a pocos metros de su hogar, construye los muñecos con palos de madera que usa como base, forrándolos con papel de diario para darle la forma a las extremidades. El pelo lo hace con lana, y la vestimenta se elige acorde a la profesión o el trabajo de cada persona/muñeco. Incluso, para añadirle más morbo al asunto, a veces usa prendas originales de las personas a las que representa.

Francisco Jiménez de la Fuente, BBC

La cara y las expresiones faciales son lo más difícil. Casi todos los muñecos los he hecho yo sola, pero un sábado al mes estoy dando clases de cómo hacer muñecos, entonces ahora algunas personas me ayudan.

Ayako Tsukimi a BBC Mundo

Independiente de todo lo que ha hecho por Nagoro, el plan de Ayako era radicalmente distinto en un principio. “Yo planté semillas, pero estas nunca crecían, entonces mientras esperaba que crecieran comencé a hacer los muñecos”, cuenta la mujer, que planeaba usar a estos monigotes como espantapájaros sin saber lo que se iba a generar después.

Francisco Jiménez de la Fuente, BBC

Pero Ayako, la habitante más joven de Nagoro, está feliz de la vida en su pueblo de fantasía. Los muñecos ayudan a que la aldea se mantenga activa, ya que mucha gente llega a visitar y conocer la atracción.

Thomas Peter

Quiero seguir haciendo esto por toda mi vida, mientras tenga salud para hacerlo. De esa manera, la gente puede disfrutar de los muñecos, y yo también lo puedo seguir disfrutando.

Ayako Tsukimi a BBC Mundo

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