Bendita libertad. Todavía recuerdo cuando era más joven y me quejaba de lo complicado que se me hacía lavar bien la ropa o pagar las cuentas. Poco a poco fui creciendo y cada vez me parecía más a mi madre, lo que supone que fui aprendiendo a realizar bien muchas cosas que antes se me hacían difíciles. El problema fue cuando llegaron los niños.
Es increíble como cambian las cosas dependiendo de la etapa de tu vida en la que estás. Hacer las compras cuando era estudiante era un desastre porque no tenía presupuesto. Cuando comencé a trabajar, ya tenía presupuesto. Lo que no tenía era tiempo, o mejor dicho, no sabía organizármelo. Y ahora, con mis pequeños secuaces, hacer la compra es como ir a la guerra.

Aquí te explico 4 cosas fáciles que comenzaron a complicarse cuando comencé a tener 3 sombras detrás de mí todo el tiempo:
1. Ordenar la casa
No sé tú, pero yo ya me he rendido. Dejar mi casa limpia es completamente contraproducente. Mis hijos tardan tan solo 5 minutos en revolver todo lo que yo ordené durante horas. Es realmente agotador. Hay legos hasta debajo de los sofás. Y ¿sabes qué?, no me importa. El día que todos tengan más de 12 años empezaré a ordenar de nuevo. Hasta entonces, mi casa será una selva. En serio.

2. Pagar las cuentas
No es que sea difícil en sí, pero son tantas cosas que al final siempre tienes problema con alguna de ellas. Te llegan boletas del celular, la luz, el gas, el internet, los gastos comunes, las autopistas… Y todas a tiempos distintos. Añádele a eso tener girando alrededor de ti, gritando y peleándose a los niños. Por no hablar de aquel día que encontré a mi hijo menor dibujando y recortando la boleta del gas. No es que quiera eludir mi responsabilidad: tarde o temprano las pagaré, pero es normal que alguna se me pase, ¿no?

3. Hacer las compras
En serio. Creo que es lo más difícil. Sobre todo porque casi nunca tienes tiempo para ir, y menos aún sola. Cuando eres mamá haces las compras con tu ejercito de monitos. Y claro. Cada uno da su opinión. Partes diciéndoles que NO a todas sus sugerencias. Y con sugerencias me refiero a: “mami quiero dulces”. El problema viene cuando eso se convierte en una orden de tu hijo. Una orden que no permite un “no” por tu parte como respuesta. Si tu hijo quiere chocolate, más vale que lo compres, porque el berrinche está por llegar si no lo haces.

4. Lavar la ropa
Me encantaría saber exactamente dónde se meten mis hijos cuando van a la escuela. No hay día en el que alguno de ellos no vuelva con alguna mancha que, de verdad, no sé de que es. He pasado los últimos 6 años googleando cómo quitar ciertas manchas, y algunas todavía se me resisten. Puede parecer simple, pero tener que remojar absolutamente todas las prendas antes de poner una lavadora es realmente agotador. Tengo que andar con el canasto de arriba a abajo. Te explico por qué. Debido a la gran cantidad de ropa con manchas extrañas que tienen mis pequeños terremotos, debo ir prelavando a mano cada una de ellas. Al final opté por hacerlo en la tina. Así que subo al baño, remojo en la tina y bajo, con todo el canasto goteando, hasta la lavadora.
Sí, lo sé. Hay lavadoras actuales que permiten hacer eso en la misma máquina. Y definitivamente tengo que conseguirla.

