Colaboración por Daniela Reyes Ballesteros
Fotógrafa y escritora por naturaleza. Amante del arte, soñadora empedernida, viajar es mi hobby, y con uno que otro tatuaje... Blog

Adolescencia: “no me digas qué hacer”. A los veinte: “por favor dime qué hacer”.

Sí, es cierto, las mujeres somos complicadas, raras, demoramos horas en arreglarnos, cada 28 días somos el temor de muchos, somos celosas, consentidas, a veces no sabemos qué queremos, decimos “sí” y es un “no”, un “no” que es un “sí”, ¿y qué? Es parte de nuestra naturaleza, aún así nadie vive juzgando a los hombres por ser tan… no encontré un término con el cual no herir susceptibilidades y egos masculinos que digan que todas las mujeres generalizamos, así que dejémoslo en “únicos”. Más ellos se escudan en la típica frase de cajón “nadie las entiende” para culparnos cuando algo no funciona.

La realidad tras esta situación es que tanto hombres como mujeres somos quisquillosos, nos gustan ciertas cosas de la otra persona pero no aceptamos aquellas que no, y sinceramente estamos jodidos si no lo hacemos. El último tipo que me gusto me salió con la olímpica respuesta de “algunas cosas no se dan y ya, no eres tú soy yo”, no se imaginan cuánto quise matarlo en ese segundo, pero ese no es el caso, el caso es cuán descoordinadas son nuestras acciones con las demás personas.

Seguramente a muchos nos ha pasado, en el mejor de los casos que nos gusta alguien y ese alguien no gusta de nosotros, más con el tiempo los papeles se intercambian, o en el peor de los casos la desagradable situación de no darnos la oportunidad con alguien por estar encaprichados con un personaje que ni te pone atención (mi caso personal) y dejamos ir el amor frente a nuestros ojos como aquel bus que no alcanzamos a tomar por llegar tarde a la parada o perder el último pedazo de postre (tu favorito) cuando la tía solterona reparte lo que sobró de la cena navideña.

La situación en sí es graciosa, exceptuando el hecho de que llegues a la etapa en la que te culpas y te das cuenta de que la otra persona valía el intento, y que cuando quisiste intentar algo ya no está (otra vez, mi situación personal). Miles de personas me han dicho que ya llegará la persona indicada, pero, ¿y si dejé ir al indicado por mi natural situación biológica de ser mujer y no saber qué quiero, de vivir encaprichada con el equivocado y mandar a la friendzone al que sí era?

Personalmente ODIO el juego mental que se forma en mi cabeza al pensar qué habría pasado si hubiera actuado de tal modo, si no hubiera hecho o dicho tal y tal cosa, en fin… Como mujeres no es nuestra culpa soñar con el cliché del príncipe azul, nos lo han vendido desde niñas en nuestras casas, en la televisión, en los libros. Quizás la culpa es de los hombres, no es que les cueste mucho ser un poco más, detallistas, consentidores, protectores, dulces, menos odiosos, más tiernos, menos egocéntricos y más comprensivos, menos “machotes” y más caballerosos, menos “machos pechos peludos” y más maduros.

Un verdadero hombre es aquel que llora y expresa sus sentimientos y pensamientos, no el que porque ya te llevó a la cama lo presume, sino aquel que te conquista aún cuando ya estuvieron juntos porque es lo suficientemente inteligente para entender que una mujer es más que relaciones y que haberse acostado con ella no la hace fácil y menos deseable, la convierte en una mujer segura de sí misma, inteligente, actual, el hombre perfecto (para mí) es la suma de todas las anteriores añadiéndole OBVIAMENTE la madurez necesaria para no asustarse ante una mujer con iniciativa (el problema actual de nuestros queridos hombres).

Incluso tras toda la retahíla que les escribí y aún repitiéndoles que la única salida es superar todo aquello que ya no tiene solución ni yo me lo creo, a mí me sigue dando rabia conmigo misma la forma en que manejo las cosas del amor, parezco una niña primeriza en estas cosas, al parecer no aprendo de mis errores y los sigo repitiendo, ¿pero qué seria de nuestra vida sin ese dolor de cabeza llamado amor? Somos jóvenes hay que aprender de los errores.

En este momento es donde les doy mi consejo sobre cómo sobrellevar esta situación; la verdad es que ni yo misma la sé, sólo puedo decirles que el tiempo sana las heridas y trae nuevas experiencias, sólo debemos ver el lado positivo de las cosas incluso cuando nada de lo que haces parece tener sentido.