Por Paulina Flores
28 enero, 2016

“La curiosidad era muy fuerte. Necesitaba descubrir de qué se trataba”.

Internet está llena de sorpresa. Por Facebook podemos encontrar a amigos de la infancia que no veíamos hace mucho, recetas de platos deliciosos, videos de adolescentes ridículos haciendo cosas ridículas, y también mensajes que pueden cambiar nuestra vida. La siguiente historia habla de rutinas, de insomnio y mucho trabajo, pero no se trata de un relato monótono, sino todo lo contrario: enseña que la vida es una sola y que lo mejor es mantener los ojos abiertos y no dejarnos llevar como las manecillas del reloj

Trabajaba como contador. Todo el día frente al computador viendo números. Llevaba 9 años en la misma empresa y en el mismo puesto, con un horario de 8 a 8. Tardaba poco menos de una hora en el viaje de mi casa al trabajo, y por las noches sólo me queda tiempo para dormir. Algo que por lo demás, no hacía muy bien desde hace varios meses. Me desvelaba hasta pasada las 3 de la mañana, y el reloj sonaba todo los días a las 6. Las ojeras le gritaban al mundo mi cansancio, pero nadie se daba cuenta. En realidad, si lo pienso bien, en los tiempos de hoy con todo el mundo ensimismado, nadie se da cuenta de nada. 

Sucedió un lunes por la tarde. Quedaban pocas horas para salir del trabajo y después de 10 horas frente al computador sentía como si estuvieran friendo mi cerebro. Era uno de esos momentos en que uno se pregunta por qué está haciendo lo que está haciendo, y luego, como sigues en lo que estás haciendo, ni siquiera tienes tiempo de contestar la pregunta. Me pasaba a menudo, sobre todo un lunes por la tarde, pero ese día fue distinto. De repente mi computador se vino a negro. Casi fue shockeante dejar de ver la planilla llena de números, pero en seguida mi mente se sintió algo aliviada.

Miré los computadores de mis compañeros de al lado y seguían prendidos. Pensé que podía ser un problema del sistema, a lo mejor el computador estaba tan cansado como yo y sufrió un colapso nervioso, bromeé para mis adentros. Era increíble lo que un pc apagado podía hacer en mi: hasta me ponía más divertido. Apreté el botón para encenderlo pero no pasó nada. Entonces, la situación no me pareció tan divertida y comencé asustarme ¿Y si se había echado a perder? ¿Y si pensaban que era mi culpa? ¿Me descontarían el arreglo del computador del sueldo? ¿Me despedirían? Pese a que, como he dicho, no lo pasaba nada bien mi trabajo, la posibilidad de que me despidieran me parecía aterradora.

Estaba por pararme a contarle a mi jefe lo ocurrido, cuando el computador comenzó a funcionar otra vez de la nada. La planilla seguía allí sin ningún cambio, pero se había abierto una nueva página de internet.

Al principio, pensé en cerrarla, intuí que esa nueva página tenía algo que ver con que mi computador se hubiera apagado ¿A caso sería un virus?

Pero la curiosidad era muy fuerte. Necesitaba descubrir de qué se trataba.

Miré para ambos lados. Mis compañeros estaba muy ocupados en su trabajo y era poco probable que estuvieran pendiente de lo que yo hacía. No sé por qué, pero miré para arriba. La luz de los focos era muy fuerte y me cegó por un segundo. Luego miré a una esquina y me di cuenta de que había una cámara de seguridad grabando. Nunca ante me había dado cuenta de que estaba ahí y un escalofrío me recorrió la espalda.

Tragué saliva y me decidí a abrir la página. 

Resultó no ser más que publicidad. Me sentí muy ridículo por preocuparme tanto. Y ya que le había dedicado tanto tiempo, decidí echar un ojo a lo que ofrecían. 

Para mis sorpresa, no se trataba de publicidad convencional. Es decir promovían una especie de fundación. En la imagen principal aparecía la foto de un niño muy pequeño, de unos 6 o 7 años. Parecía desnutrido y muy cansado. El fondo era difuso, pero mostrabas sus manos abiertas, llena de marcas y heridas. Sus manos parecían de adulto. La foto iba acompañada del siguiente mensaje:

“¿Y tú, también vas a seguir indiferente?.

Si quieres saber más, haz clic aquí”.

Me conmovió la imagen del niño e hice clic en seguida.

Se abrió una nueva ventana, esta vez con un video.

Puse play. Se trataba de una grabación casera que mostraba al niño anterior y a unos 10 más como él trabajando con máquinas de cocer. Las condiciones del lugar eran horribles. Las ventanas no tenían vidrios y las paredes estaban agrietadas e inmundas y parecía que el techo se iba a caer en cualquier momento. Qué decir del espacio. Los niños estaban todos apretados en una habitación que no debía medir más de 10 metros cuadrados. Un hombre en una esquina que parecía un guardia o algo así, se ocupaba de exigirles a los niños que trabajaran más rápido. En determinado momento a uno de ellos se le trababa el hilo en la maquina de cocer y esta se apagaba. Entonces el vigilante iba y le gritaba y después le pegaba una cachetada. El niño ni siquiera lloró, sólo bajó la cabeza e intentó arreglar el atasco.

El video seguía adelantando, y cambiaba de escenario. Se veía a los niños durmiendo todos juntos en una misma pieza de condiciones aún peores que la anterior. También mostraban cómo se bañaban todos juntos en un gran lavatorio muy poco higiénico.

De pronto, la cinta se iba a negro. Y aparecía un voz que decía:

“Esta es la realidad de muchos niños en la India. Se trata de exclavitud moderna. ¿Pero quién los exclavisa?

En ese momento la cámara del computador se prendió y apareció mi imagen en la pantalla. Sobre mi rostro apareció el siguiente texto:

“Estos niños trabajan haciendo ropa en fábricas ilegales. Hay cientos como estas en la India, y son subcontratadas por otras empresas de occidente, que luego venden la ropa en sus tiendas. ¿Alguna vez te has preguntado por que la ropa es cada día más barata? El gobierno de la India está intentando poner freno a este tipo de lugares, pero con tanto dinero involucrado, corrupción y mafias, se hace muy difícil. Sólo tu puedes hacer la diferencia. Tras una ardua investigación, te presentamos la lista de tiendas que se ha descubierto que trabajan con este tipo de fábricas ilegales”.

En la mitad de la lista apareció la empresa para la que yo trabajaba. No lo podía creer. 

Cuando la lista se acabó apareció un último mensaje:

“El video que acabas de ver fue grabado por uno de los niños que trabaja en el lugar, el puso en riesgo su vida para que tu pudieras verlo ¿Qué vas a hacer tú?”

¿Qué hice yo?

Me paré de silla, tomé mis cosas y me fui de la empresa para nunca volver. Ya han pasado un par de meses y puedo decirles que abrir los ojos fue la mejor decisión que he tomado en mi vida. 

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