Por Leonardo Granadillo
20 August, 2019

A veces damos tanto por otras personas, que olvidamos concentrarnos en lo más importante: nosotros mismos.

Si hay algo que podemos pasar una vida buscando es esa estrategia para ser felices, a veces nos preocupamos tanto por lograr algunos objetivos, que ni siquiera tomamos en cuenta que también debemos disfrutarnos el camino que nos lleva a lograrlo.

Durante esa travesía nos topamos con muchas personas, algunas más beneficiosas que otras para nuestra formación, las cuales siempre van a llegar hasta donde nosotros lo permitamos.

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Dice un proverbio de la Madre Teresa de Calcuta que “el que no vive para servir, no sirve para vivir”, lo cual habla bien de la importancia de no ser desconsiderado e intentar ayudar a los demás, sin embargo, es igual de clave no descuidarnos a nosotros cumpliendo exigencias de otros.

Cuando este se convierte en una ‘necesidad’ es momento de detenernos, no debemos lucir para complacer a los demás, no tenemos que esperar la aprobación de nadie más allá de la propia, cuando nos queremos a nosotros mismos es que conocemos la felicidad.

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Desvivirse por una pareja que no entrega lo mismo, amistades, familiares, resulta desfavorable para nosotros. No siempre nos retribuyen todo lo que damos y podemos concluir que la verdadera felicidad está en conseguir nuestro propio bienestar.

Que nadie te diga como vivir la vida, ni yo a través de este texto. Tampoco quiero decir con esto que no valores las amistades ni a tus semejantes, solo te pido que siempre recuerdas tener tiempo para ti, lo valiosa que eres y que no puedes olvidar quererte a ti misma más que a los demás.

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