Eran casi las seis de la tarde de un sábado en Finleyville, Pensilvania. Cien personas llenaban la iglesia Crossroads Ministries, algunas con bebés en brazos esperando la dedicación de esa noche, y Rhonda Barner cantaba en el escenario cuando todo empezó a temblar.

Un tornado cruzó Union Township en cuestión de minutos. Arrancó el techo del edificio de oficinas y lo lanzó hacia el bosque. Tumbó la torre de la iglesia sobre los autos estacionados afuera. La transmisión en vivo del servicio se cortó de golpe cuando la cámara empezó a moverse sola.

El Servicio Meteorológico Nacional confirmó después que fue un tornado categoría F1. Adentro, entre escombros y cristales rotos, nadie murió ni terminó hospitalizado: solo algunos cortes y golpes leves. Al día siguiente, el pastor Ken Barner subió al altar y dijo que lo que vivieron esa noche fue, sencillamente, un milagro completo.

