Era la madrugada del 20 de abril de 2019 en Stoke-on-Trent, Inglaterra. Megan Newton, 18 años, se reía mientras abría la puerta de su departamento. Detrás de ella iba Joseph Trevor, 19, excompañero de secundaria al que ella invitó a dormir ahí porque él decía estar demasiado borracho para volver a casa. Dos horas después, las cámaras lo captaron saliendo solo, mirando su mano derecha ensangrentada.

Trevor había sido liberado esa misma noche por consumo de ketamina y cocaína antes de encontrarse con Megan en una discoteca. La violó y la mató de 9 puñaladas en su propia casa. El Tribunal de la Corona de Stafford lo condenó a 21 años y 65 días por el asesinato, más 8 años por dos cargos de violación.

Para muchos, la condena es una bofetada: un hombre que abusó de la bondad de una joven para violarla y asesinarla podría quedar libre relativamente joven. Para otros, el sistema funcionó y el juez fue claro: “Megan tenía toda su vida por delante”. ¿La sentencia hace justicia o la traiciona?
