
23 años. Ese es el tiempo que Giovanni Galizia lleva mirando desde la portada de uno de los souvenirs más vendidos en los alrededores del Vaticano. Millones de turistas lo compraron convencidos de que retrataba sacerdotes reales. El problema es que Galizia nunca fue sacerdote, ni seminarista, ni tiene ningún vínculo con la Iglesia católica. Hoy trabaja como auxiliar de vuelo y coordina la formación de tripulaciones para una aerolínea española.
La historia detrás de la imagen es igual de improbable. La foto fue tomada en Palermo, su ciudad natal, frente a la Iglesia del Gesù di Casa Professa, y en sus propias palabras empezó como una broma entre amigos. La empresa que produce el calendario, llamada Pazzi, lo distribuye de forma independiente y sin ninguna afiliación oficial con el Vaticano. El producto se llama formalmente Calendario Romano, se vende entre 8 y 10 euros en tiendas turísticas de Roma y ha llegado a países tan lejanos como Corea del Sur.
Fue el diario romano La Repubblica el que destapó el engaño y desató la atención nacional. La historia de Galizia tiene además un episodio más perturbador: un medio digital vinculado al Vaticano usó su fotografía para ilustrar una nota sobre un sacerdote acusado de blasfemar y vender drogas. Tuvo que recurrir a la vía legal para conseguir que la retiraran.
