Tenían edad para montar a caballo, remar en canoa y rezar antes de dormir. No para salvarse solas de un río que subió seis metros en la oscuridad.

Esa madrugada del 4 de julio de 2025, mientras el Guadalupe se desbordaba sobre Texas, 25 campistas y dos consejeras adolescentes de Camp Mystic no fueron evacuadas de las cabañas más bajas. El investigador Brant Johnston, de los Texas Rangers, escribió que el campamento sabía de las alertas nocturnas y aun así no actuó: sin simulacros, sin planes de emergencia adecuados, con muy pocos adultos para cuidarlas. “No se puede esperar que los campistas jóvenes reconozcan solas un peligro que amenaza su vida”, escribió.

Ahora 14 órdenes de registro buscan las comunicaciones de la familia Eastland, dueña del campamento, para determinar si hubo homicidio involuntario o negligente. Richard Eastland, su propietario, también murió esa noche. El cuerpo de una de las niñas, Cile Steward, todavía no aparece. Sus padres solo piden saber cómo fueron sus últimos minutos.

