Tenía 15 años cuando el médico le dijo la palabra que nadie quiere escuchar: linfoma de Hodgkin.
En Gernika, España, la noticia corrió rápido entre sus compañeros de clase. Sabían lo que venía después del diagnóstico: la quimioterapia, y con ella, la caída del cabello.
Así que 40 alumnos de 4º de ESO se pusieron de acuerdo con sus familias y el equipo de fútbol del colegio, y un día de mayo de 2024 se sentaron todos juntos a raparse la cabeza.
No lo hicieron para que nadie los aplaudiera. Lo hicieron para que su amigo, al mirarse al espejo, viera un salón entero pareciéndose a él.
Ager, Eneko y Aimar fueron algunos de los que dieron el primer paso, pero al final nadie recuerda quién empezó — solo que ninguno se quedó mirando desde afuera.
A veces el apoyo más grande no se dice: se corta con una máquina de afeitar.
