Cincuenta años en el mismo lugar. El mismo uniforme, el mismo mostrador, la misma empresa. Y 7-Eleven solo le envió un correo electrónico.

El empleado compartió la situación en redes y la reacción fue inmediata. “Merecía una jubilación de oro, no un mensaje que se puede borrar con un clic”, escribió uno de los miles que comentaron. Pero no todos piensan igual: hay quienes defienden que en la era digital un reconocimiento formal por email es suficiente, y que la responsabilidad de construir un retiro digno no recae solo en el empleador.

¿Quién tiene razón: la empresa que cumplió con lo mínimo o los que exigen que medio siglo de lealtad merece algo más que un mensaje en la bandeja de entrada?
