Victory tenía apenas unos años cuando su propia comunidad decidió que era un brujo.

En Nigeria, esa acusación no es una broma: significa aislamiento total, hambre, calle. Así terminó él, apoyado contra unas rejas, sin fuerzas ni para sostenerse en pie, cuando el equipo de Anja Ringgren Lovén lo encontró.
La danesa fundó Land of Hope en 2012 y ya había rescatado a más de 100 niños en la misma situación, pero el estado de Victory era distinto: tenía tétanos, una infección que le había paralizado el sistema nervioso al punto de impedirle respirar sin ayuda.

Durante meses dependió de oxígeno mientras los médicos luchaban por estabilizarlo. Nadie apostaba demasiado por su recuperación. Pero la sostuvo, extremidad por extremidad, hasta volver a moverse por sí mismo.

Hoy vive junto a otros niños rescatados en el mismo hogar, protegido las 24 horas en una de las zonas más peligrosas de África Occidental, con una vida que la calle nunca le habría dejado tener.

