Hailey Bieber estaba dando una entrevista en pleno set de Quotidien durante la Semana de la Moda de París. Había ido a promocionar el desembarco de Rhode en las tiendas Sephora de Francia.
La entrevista iba muy bien, Hailey estaba elogiando la energía de la ciudad, cuando de pronto lanzó una frase insólita: “Mi esposo es francés, así que eso también me encanta”. Pero ella tenía la seguridad de quien comenta el clima.
El presentador, Yann Barthès, la miró como quien acaba de escuchar mal. Le preguntó si Justin no era canadiense. Ella insistió: “Es de Canadá, pero también es francés”.
Un panelista tuvo que recordarle, con cuidado de no incendiar el estudio, dónde nació su marido. Entonces llegó la pregunta que lo cambió todo: ¿de qué parte de Francia? Hailey respondió: “No estoy del todo segura”. Barthès, entre divertido y resignado, le pidió que le avisara cuando lo averiguara. Nada de humillación: puro desconcierto con buena onda.
Pero claro, Internet nunca es tan amable y, peor, no perdona. Los comentarios recordaron que Justin nació en London, Ontario, y creció en Stratford, y varios la compararon con esos turistas estadounidenses que juran ser irlandeses por un bisabuelo lejano.
Sin embargo, hay un detalle que casi nadie sabe: su madre, Pattie Mallette, tiene ascendencia francocanadiense, y Justin pasó parte de su infancia en escuelas de inmersión en francés. Hasta ha cantado en ese idioma para una fan.
Hailey eligió la palabra equivocada: debió decir “de ascendencia francesa”, no “francés”. Pero tal vez no inventó el vínculo, sino que repitió la historia con la que Justin se cuenta a sí mismo en casa.
Internet solo conoce su biografía pública; ella conoce la que se cuenta cuando se apagan las cámaras.
