Kira Jones tenía 19 años cuando un examen de sangre le cambió la vida para siempre.
Trabajaba en una clínica de fertilidad en Hertfordshire, Inglaterra, y decidió hacerse un test de Hormona Antimülleriana solo porque estaba disponible ahí mismo. El resultado marcó 5,8 pmol/l, muy por debajo del rango normal para su edad, que va de 8,7 a 83,6. Los médicos fueron directos: su reserva ovárica era comparable a la de una mujer de casi 45 años. Estaba en perimenopausia sin haberlo sospechado nunca, con apenas algunos períodos irregulares que ella atribuía a algo sin importancia.

Le dijeron que si quería preservar sus óvulos, tenía que actuar de inmediato, sin margen para pensarlo con calma. Pidió dinero prestado a su familia y pasó por dos rondas de extracción: de 26 óvulos obtenidos, 17 quedaron congelados. Hoy, a los 25 años, convive con osteopenia en las caderas, se hace escáneres óseos periódicos y describe una niebla mental que la hace sentir, en sus propias palabras, como una niña otra vez.

