Dani G tenía apenas dos años cuando la alopecia universal le arrebató cada mechón de cabello, cada ceja, cada pestaña. Desde entonces, en Newcastle, Reino Unido, aprendió a vivir con una peluca puesta como armadura diaria, esa que la protegía de miradas ajenas.

Pero el día de su boda decidió romper la costumbre de toda una vida. Caminó hacia el altar sin cubrir su cabeza, dejando que el mundo -y sobre todo ella misma- viera lo que había estado escondiendo desde niña.

Hoy Dani comparte su historia con casi dos millones de seguidores, un espacio donde acompaña a quienes atraviesan la misma pérdida. Aquel paso hacia el altar no fue solo una boda: fue la versión más honesta de sí misma que se atrevió a mostrar.

