Zhu Yunchang tenía 72 años cuando entró a una tienda de cosméticos en China y pidió que le enseñaran a maquillarse. No quería verse más joven. Quería aprender un oficio para pagar la vida de su nieto.
Al niño le habían diagnosticado atrofia muscular espinal, una enfermedad genética que debilita los músculos poco a poco. Los médicos fueron directos: podía no superar los 18 meses.
Zhu no se quedó mirando. Aprendió técnicas de rehabilitación viendo trabajar a los terapeutas del hospital y repitió cada ejercicio en casa, todos los días.

Después llegó un medicamento capaz de cambiar el pronóstico. El problema era el precio, altísimo, y el tratamiento debía repetirse. La familia vendió su casa y pidió préstamos. La madre trabajaba de día y vendía productos por transmisiones en vivo de noche. Zhu decidió relevarla.
Así, pasados los 70 años, empezó a transmitir maquillaje por internet.

Algunas marcas se negaron a darle muestras. No creían que un hombre de su edad pudiera vender cosméticos. Zhu volvió a estudiar: preguntó, grabó, escribió los pasos en una pizarra de su casa y se convirtió en su propio modelo, probando tonos de labial en el antebrazo frente a la cámara. Su hija terminó admitiendo que su padre se maquillaba mejor que ella. Mientras tanto, el medicamento entró al seguro médico chino y su precio bajó drásticamente. El niño superó los 18 meses. Después cumplió seis años. Hoy va a la escuela y habla de la universidad. Zhu sigue cuidando a su nieto de día. Y de noche, sigue encendiendo la cámara.

