Entre los Ba’Aka, hombres y mujeres tallan en punta los dientes superiores. Suelen hacerlo hacia los nueve o diez años, con una piedra o un machete, según el relato de la periodista Paula Froelich, quien acompañó a miembros de esta comunidad cazadora-recolectora en una salida de caza en el entorno del parque nacional Dzanga-Sangha, en la República Centroafricana.


Christion Bangala, guía e intérprete citado por Froelich, vinculó la forma puntiaguda con la belleza y la resistencia al dolor.


También la relacionó con antiguas expectativas de matrimonio y dijo que las puntas ayudarían a morder la carne.


En una misma modificación corporal se cruzan, así, una idea de belleza y una utilidad que acompaña la alimentación.
