Noah Wall nació en 2012, en una familia de Cumbria, Inglaterra, y las ecografías ya habían mostrado lo peor.


Un quiste destruía su cerebro. Tenía spina bifida e hidrocefalia. Según el Mirror, el cráneo se llenó de líquido y comprimió el cerebro hasta dejarlo como una fina lámina de tejido. Los informes hablan de apenas un 2% de cerebro. Los médicos no esperaban que viviera más de unos días y propusieron a Shelly y Rob, sus padres, terminar el embarazo. Lo hicieron cinco veces. Rob contó al documental The Boy Without a Brain que nunca fue una opción.

El parto se adelantó una semana porque la presión sobre el cerebro del bebé se volvía peligrosa. Nació por cesárea con 12 médicos en el quirófano y, según su padre, soltó un fuerte grito.


A los 3 años, según righttolife.org.uk, su cerebro había crecido hasta el 80% de lo esperado y estaba casi plenamente funcional. Los médicos quedaron asombrados. Con 7 años movió el pie por primera vez tras una terapia especializada. Hoy habla, cuenta, va a la escuela y le gusta la ciencia. Sigue paralizado de la cintura para abajo.


Las cifras provienen de medios y de la familia, sin verificación médica independiente. ¿Qué es lo que más te sorprende de su historia?


