Diez minutos. Eso fue todo lo que separó a Hans Gernot Schenk de la muerte el 11 de septiembre de 2001.
Tenía su oficina en el piso 32 de la Torre Norte del World Trade Center, donde trabajaba hace más de un año para una empresa alemana de logística internacional.

Esa mañana no había dormido en su casa y llegó más tarde de lo habitual. Cuando el primer avión impactó, él todavía no estaba en su escritorio. Dos compañeros suyos sí lo estaban, y no sobrevivieron.

Hoy tiene 55 años, vive en Miami y trabaja como consultor. Pero la culpa de haber sobrevivido nunca se fue del todo: una vez, en un teatro, escuchó el sonido de un choque en una grabación y se tiró instintivamente al suelo.

Renunció a su trabajo dos meses después del atentado y volvió a vivir a Alemania, buscando una vida lejos de esas torres que ya no existen.

