Durante años fue una mujer como cualquier otra: rasgos femeninos típicos, buena salud y la capacidad de quedar embarazada. Pero un análisis genético mostró algo que nadie esperaba: sus células de sangre tenían cromosomas sexuales XY, el patrón que normalmente se asocia a un hombre.

Las células de su piel, en cambio, eran 46,XX, el perfil femenino habitual. Los médicos ordenaron más análisis de sangre y estudios en otros tejidos, y compararon el perfil genético de su sangre con el de su hermano gemelo y el de sus padres. La coincidencia con el gemelo confirmó el origen: durante el desarrollo fetal, su cuerpo incorporó ADN de su hermano en su línea de células sanguíneas, mientras el resto de sus tejidos conservó la configuración XX.

A esa condición se le llama quimerismo, un nombre que viene de la quimera de la mitología griega, mezcla de león, cabra y serpiente. Según Cleveland Clinic, la mayoría de las personas con quimerismo se sienten sanas y solo lo descubren por pruebas genéticas o de sangre. Y el cariotipo, el estudio que lo detectó aquí, no se hace en una visita médica estándar.

