Ernestine tenía 56 años, trabajaba como secretaria escolar en Baltimore y jamás había pisado un gimnasio.


Todo empezó por algo tan simple como probarse un traje de baño junto a su hermana Mildred. Ninguna de las dos estaba conforme con lo que vio en el espejo, así que decidieron entrenar juntas. Pero Mildred murió de un aneurisma cerebral antes de ver los resultados, y Ernestine tuvo que decidir si seguía sola.


Siguió. Compitió por primera vez en 2007, llegó a correr 130 kilómetros por semana y en 2010, en Roma, el Libro Guinness la nombró oficialmente la fisicoculturista competitiva de mayor edad del mundo. Tenía 74 años y un abdomen marcado que muchos de 20 no logran. Hoy, con 90 años, sigue entrenando.
