El 9 de noviembre de 1971, en una mansión de Westfield, Nueva Jersey, el contador John List mató a su esposa Helen, a su madre Alma, de 84 años, y a sus tres hijos: Patricia, de 16, Frederick, de 13, y John Jr., de 15. Dejó notas explicando sus razones, acomodó los cuerpos y no intentó esconder nada dentro de la casa.

Luego canceló los repartos de leche y periódico, avisó en las escuelas que la familia viajaría, y desapareció. Nadie sospechó nada. Pasó casi un mes antes de que alguien encontrara a la familia. Para entonces, List ya era otro hombre.
Se hizo llamar Robert Clark. Se mudó a Colorado, después a Richmond, Virginia. Volvió a casarse con una mujer que jamás imaginó quién dormía a su lado.

Durante 17 años y medio, nadie lo encontró. Hasta que en 1989 el programa America’s Most Wanted decidió reconstruir su rostro con el paso del tiempo. El escultor forense Frank Bender no tenía una foto reciente para copiar. Tenía que adivinar cómo envejece un fugitivo. Calculó la calvicie, las arrugas, hasta el tipo de anteojos que un hombre como List elegiría veinte años después. Escogió unos redondos, comprados en una tienda de antigüedades. El 21 de mayo de 1989, veintidós millones de personas vieron ese rostro de arcilla en televisión. Una vecina de Richmond lo reconoció enseguida. El primero de junio, la policía tocó la puerta de Robert Clark. Llevaba puestos los mismos anteojos redondos que Bender había imaginado. Las huellas confirmaron lo que la arcilla ya sabía: ahí estaba John List. Fue condenado por cinco asesinatos y murió en prisión.

