Bryan Johnson, 48 años, el empresario obsesionado con vivir para siempre, acaba de anunciar algo que suena salido de una película de ciencia ficción.
En X escribió, textual: “Acabo de clonarme… como un recién nacido”. Le puso nombre: Baby Bryan. Y ahora mismo, dice, existe dentro de una placa de Petri en algún laboratorio.
El plan no es tierno, es clínico. Johnson quiere que esa versión celular de sí mismo se convierta en su donante personal de sangre.
Después vendrían las terapias experimentales. Y más adelante, según sus propias palabras, órganos de repuesto cultivados a partir de sus propias células.
Científicos salieron rápido a poner los pies en la tierra: no es una clonación humana real, sino una técnica llamada iPSC, que reprograma células adultas hasta un estado similar al embrionario, algo que le valió el Nobel al japonés Shinya Yamanaka en 2012.
Lo cierto es que Johnson hizo este anuncio semanas después de revelar que padece una enfermedad autoinmune incurable.
Y ahí el morbo se vuelve inevitable: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar para no morir?
