El aceite de silicona suele utilizarse en cirugías de retina para mantenerla en su lugar mientras cicatriza y así ayudar a preservar la visión.

Sin embargo, con el paso del tiempo, este aceite puede dividirse en pequeñas gotas que se dispersan dentro del ojo y bloquean el drenaje normal de líquidos, aumentando la presión ocular y, en algunos casos, provocando glaucoma.

Especialistas explican que las nuevas tecnologías de imágenes oculares permiten detectar estos cambios de forma más temprana para evitar complicaciones mayores. Por eso, aunque el tratamiento puede ser clave para salvar la vista, los controles médicos periódicos siguen siendo fundamentales.

