

Ana Luján tenía una lista de metas escrita a mano.
Recibirse, renunciar, conseguir otro trabajo e “irnos con Uma a otro lado”. Uma era su perrita, su compañera de toda la vida, la que estuvo ahí cuando se graduó como profesora de Educación Especial. Pero antes de poder cumplir ese último sueño juntas, Uma murió.


Ana contó que la perrita esperó a que llegara para poder despedirse de ella. “Te extraño Uma, hija, pero acepto esto porque si no sintiera dolor, significaría que nunca te amé”, escribió. Hoy sigue escribiéndole cartas todos los días, aunque ya no pueda leerlas: “con el papel mojado no se marca bien la lapicera”, confesó.
Una lista de sueños que quedó incompleta, y un amor que no necesitó cumplirlos todos para ser real.
