Al sur de Reino Unido, una activista llamada Emma Smartch trató de salvarle la vida a una langosta el pasado 10 de abril. Pero lo que inició como un gesto de ayuda, se transformó en la peor desilusión para ella al no sólo matar a la que intentó salvar, si no también al fallecer la langosta compañera que estaba junto a ella en el acuario, porque al parecer “la extrañaba”.

“Me voy a llevar a la langosta y me tendrán que dejar”, exclamó la chica al intentar salir del restaurante The Catch at the Old Fish Market, mientras los trabajadores la detenían.
Al salir con una langosta en mano, la fue a tirar al mar, pero como la temperatura era mucho más fría que el acuario, falleció al instante. La segunda langosta, era compañera de la primera en el acuario y sin explicación alguna, dejó de vivir por “pena”, según informó el restaurante.

Según órdenes judiciales, la activista no puede acercarse al restaurante, con un tope de 10 metros de distancia.
