Ana Luiza de Oliveira Neves tenía 17 años y vivía en Itapecerica da Serra, San Pablo. El día de su cumpleaños un repartidor le entregó una torta sin remitente, acompañada de una tarjeta con corazones y palabras cariñosas. Ella grabó un audio para sus amigas, emocionada, tratando de adivinar quién se la había mandado.

Una hora después de comerla empezó a sentirse mal. La llevaron a un centro médico, la diagnosticaron con intoxicación alimentaria y la dieron de alta. Horas más tarde se desmayó en el baño de su casa y murió por un paro cardiorrespiratorio.

La policía determinó que la torta tenía óxido de arsénico, comprado por internet por una compañera de colegio de 17 años que había dormido esa noche en su casa. La joven confesó el crimen por celos y resentimiento, y admitió que el 15 de mayo ya había intentado envenenar a otra adolescente, que sobrevivió.

