Sandra Dajnowski decidió ser madre y adoptó a Nicolás sin tener pareja. En 2011, perdió la visión tras un desprendimiento de retina y diez intervenciones; su hijo todavía era menor.

Tuvo que reaprender las tareas cotidianas y pasar por una rehabilitación para recuperar autonomía. Con el apoyo de su socio y de otras personas, volvió a trabajar como arquitecta y a diseñar edificios. En ese proceso, también procuró que Nicolás pudiera vivir su infancia sin convertirse en su cuidador.

Sandra compartió su experiencia en iniciativas vinculadas con la accesibilidad y la inclusión. La ceguera cambió la forma en que se movía y trabajaba, pero no la apartó de su profesión: reconstruyó su camino hasta volver a crear espacios.

