Ahmed Ragab no alcanzó a pensar.

Ese día de finales de septiembre, en el barrio de Ard El-Lewa, en Guiza, Egipto, oyó un grito y se giró. Arriba, en el balcón de un segundo piso, un niño de unos cinco años acababa de perder el equilibrio. Primero se enredó en una cuerda de tender la ropa, que retrasó la caída unos instantes. Eran los segundos que hacían falta.

Ragab, un joven de 25 años que trabaja en la tienda de su padre, corrió, se colocó justo debajo y recibió al pequeño en brazos antes de que tocara el suelo, a centímetros del pavimento. Una cámara de seguridad lo grabó todo y el video se multiplicó por las redes.

Las imágenes muestran lo que vino después: Ragab levantó la mirada hacia el balcón, se alejó con el niño abrazado y se apoyó en un colchón cercano, como si la adrenalina le hubiera vaciado el cuerpo. Según medios locales, el pequeño salió ileso. Al hablar del momento, Ragab contó que todo ocurrió tan rápido que no tuvo tiempo de calcular si llegaría. Solo se movió.

