Isabelle Dinoire tenía 38 años y vivía en Valenciennes, al norte de Francia. Era madre de dos hijos. En mayo de 2005, su perro labrador la atacó mientras ella estaba inconsciente por una sobredosis de pastillas para dormir.
Perdió la nariz, los labios y el mentón.

En Amiens, un cirujano llamado Bernard Devauchelle la miró y entendió que no había otro camino. Su colega Jean-Michel Dubernard, el hombre que ya había hecho el primer trasplante de mano, lo dijo así: una vez que vio su rostro destrozado, no hacía falta decir nada más.
El 27 de noviembre de 2005, durante 15 horas, un equipo le puso el triángulo facial de una donante con muerte cerebral: nariz, labios y mentón. Nadie en el mundo había hecho algo parecido con las partes más difíciles de la cara.

Meses después apareció ante la prensa, con la voz arrastrada y una cicatriz a la vista. Habló de tener, por fin, una cara como los demás.
Vivió once años más. A finales de 2015 su cuerpo empezó a rechazar el injerto y perdió parte del uso de los labios. Según Le Figaro, los medicamentos que la protegían terminaron favoreciendo dos cánceres.

Murió el 22 de abril de 2016, a los 49 años. Tras ella, decenas de personas recibieron un rostro nuevo.
Ella abrió la puerta. 🕊️

