Barba postiza, ropa gastada y ningún guardaespaldas a la vista. Así salió a la calle Vaguinho Espíndola, alcalde de Criciúma, Brasil, para pasar casi un día entero viviendo como una persona en situación de calle sin que nadie supiera quién era.
Durante 20 horas, Espíndola caminó unos 40 kilómetros por distintos sectores de la ciudad. Pidió monedas en semáforos, solicitó ayuda a transeúntes y compartió conversaciones reales con personas que duermen en las calles. La jornada terminó cuando los propios equipos de asistencia social del municipio lo abordaron en la vía pública, sin sospechar que el hombre al que estaban atendiendo era su jefe máximo.
El objetivo no era un golpe de efecto mediático: Espíndola quería detectar fallas concretas en los protocolos de atención y medir de primera mano si sus funcionarios actuaban con empatía frente a las personas más vulnerables. Lo que vivió en esas horas, dijo, le dará información directa para rediseñar las políticas sociales de Criciúma.
