Juan Cruz Andrés supo que un cáncer terminal le dejaba poco tiempo de vida, y en lugar de rendirse, tomó junto a Karina Jiménez una de las decisiones más difíciles que puede enfrentar una pareja.

Decidieron tener un hijo. Sabían, desde el primer momento, que Juan no llegaría a sostenerlo en brazos ni a verlo crecer.


Cada semana de embarazo fue también una cuenta regresiva distinta: la vida llegando mientras la suya se apagaba.


“Algo de Juan para toda la vida”, repetía Karina, como si esa frase pudiera sostener lo que se venía.
Él no llegó a conocer a su hijo. Pero dejó una prueba innegable de que existió, de que amó, de que eligió multiplicar la vida incluso cuando la propia se le escapaba entre las manos.
