Celia tenía 78 años. Su hermano Emilio, 82. Los encontraron encerrados bajo llave en una casa del centro de Tepic, Nayarit, sin comida, sin nadie que respondiera por ellos. Comían plástico para engañar el hambre.

Esa úlcera terminó por perforarle el estómago a Celia y la mató, según confirmó la fiscal Ludmila Heredia. El gobierno de Nayarit pagó su funeral y el gobernador donó el terreno para enterrarla. Ningún familiar se presentó.

Unos culpan a la lavandería vecina que se había comprometido a cuidarlos y no cumplió. Otros apuntan a la familia que desapareció. ¿Quién tiene más responsabilidad: quien promete cuidar y abandona, o quien nunca apareció?

