A comienzos de los 2000, Amanda Bynes era una de las mayores estrellas juveniles del mundo. Con solo 13 años tenía su propio programa en Nickelodeon y después conquistó el cine con Ella es el chico, Hairspray y Easy A. Tenía talento, fama y un futuro enorme por delante. Pero todo cambió.

En 2010 dejó la actuación y, durante los años siguientes, enfrentó problemas de consumo, salud mental, episodios públicos y una tutela legal que terminó recién en 2022. La niña que hacía reír a millones había desaparecido de las pantallas y su vida comenzó a ocupar titulares por razones completamente distintas.

Hoy, a sus 40 años, cuesta reconocer a aquella Amanda. Lleva el pelo rubio platinado, cejas gruesas y muy marcadas, tatuajes en el rostro y el cuerpo y una apariencia muy distinta a la de la estrella adolescente que todos recuerdan. Tras años alejada de Hollywood, ahora intenta construir una vida propia, explorando nuevamente la música y la moda. La estrella que parecía tenerlo todo terminó tomando un camino que nadie imaginaba.
