Amir Abu Abara tenía un permiso para talar 5 árboles. Solo cinco.
En su terreno de más de siete hectáreas al sur de Sídney, junto al Parque Nacional Heathcote, hogar de koalas y del búho poderoso, terminó arrasando con cerca de 600 árboles nativos y removiendo 6.000 metros cúbicos de tierra. Todo para levantar una mansión de lujo valuada en más de 3 millones de dólares australianos, con cine propio y piscina infinita.


Las autoridades locales no lo dejaron pasar: le aplicaron una multa de 70.000 dólares australianos y lo obligaron a plantar 38.700 ejemplares de especies nativas, incluidos al menos 600 árboles, la misma cantidad que destruyó. La reforestación quedó a cargo de su empresa incluso si el terreno cambia de dueño, y el municipio supervisará que se cumpla.
En 2026 Abu Abara intentó ir por más: presentó un nuevo proyecto de mansión de 10 millones de dólares australianos en el mismo predio. Se lo rechazaron en junio, y el terreno terminó vendido.


