Ella tiene más de 60 años. Él, apenas 25.

En el video, grabado en una habitación modesta de Lagos, Nigeria, se abrazan y se besan como cualquier pareja enamorada. Ella le susurra “te amo” mientras lo acaricia. Él sonríe, la abraza de vuelta y entre gesto y gesto le suelta: “Baby dame dinero”, “Baby dame 1.000”.

El clip se filtró en redes y en cuestión de horas ya sumaba cientos de miles de reproducciones. Unos defienden que el amor no tiene edad ni reglas, y que si ambos son felices, nadie debería opinar. Otros aseguran que ahí no hay amor, sino una transacción disfrazada de romance.

Lo cierto es que nadie fuera de esa habitación sabe realmente qué los une. Y quizás esa es la parte que más incomoda: no poder ponerle una sola etiqueta a lo que viste.
