Corría 1966 cuando el doctor Sam Axelrad amputó el brazo de un joven soldado vietnamita que llegó con gangrena a su base médica en plena guerra. Se llamaba Nguyen Quang Hung. Nadie imaginó que ese momento uniría sus vidas para siempre.

Axelrad regresó a Houston, pero no pudo desprenderse de aquellos huesos. Los conservó en su casa durante casi 47 años, como recordatorio silencioso de una decisión que le salvó la vida a un desconocido en medio del caos de la guerra.

El 1 de julio de 2013 viajó hasta An Khe, en la provincia de Gia Lai, y golpeó la puerta de Hung, entonces de 73 años, para entregarle personalmente los restos del brazo que le quitó. Casi medio siglo después, el médico y su paciente volvieron a encontrarse cara a cara.

