Yvonne “Missy” Woods, una exanalista de ADN del Colorado Bureau of Investigation, fue condenada a 10 años de prisión después de declararse culpable de manipular información de laboratorio utilizada en investigaciones criminales.

Y lo que hacía resulta especialmente grave: durante años, alteró o eliminó datos de sus análisis para que algunos resultados parecieran mostrar que no había material genético suficiente para continuar las pruebas. En otros casos, ingresó información falsa en los registros del laboratorio para ocultar los problemas.
Uno de los ejemplos más delicados involucró investigaciones por agresiones sexuales. Según los fiscales, Woods llegó a modificar resultados relacionados con ADN masculino, haciendo que pareciera que no se había encontrado material suficiente para continuar con el análisis.
Una revisión del Colorado Bureau of Investigation identificó 1.045 expedientes con algún tipo de problema relacionado con su trabajo. Sin embargo, esa cifra no significa que Woods haya manipulado deliberadamente cada uno de ellos: el propio análisis distingue entre alteraciones de datos, problemas de control de calidad, documentación incompleta y otras irregularidades. En 156 casos se identificaron alteraciones de datos de evidencia.

El escándalo salió a la luz en 2023, cuando una interna encontró información faltante en un expediente de 2018. Una investigación posterior determinó que las preocupaciones sobre el trabajo de Woods existían desde al menos 2014.
Sus análisis estaban vinculados a investigaciones de homicidios, agresiones sexuales, robos y otros delitos. Una condena por asesinato ya fue anulada y otros casos fueron revisados o modificados debido a las dudas sobre la evidencia.
Durante su audiencia de sentencia, Woods reconoció haber traicionado la confianza depositada en ella. Fue condenada por delito informático, perjurio, falsificación e intento de influir en un funcionario público.

Ahora Colorado enfrenta la enorme tarea de revisar los casos relacionados con su trabajo. El costo podría superar los US$11 millones.
El caso deja una pregunta inquietante: ¿cuántas investigaciones pudieron tomar un rumbo diferente porque la persona encargada de analizar una de las pruebas más importantes decidió alterar sus propios resultados?
