Félix Flores Quispe llevaba casi dos meses durmiendo sobre el nicho de su esposa en el Cementerio Santa María de la Colina, en el distrito de Majes, Arequipa. No era una visita. Era su casa: una carpa improvisada, cartones en el suelo, un colchón delgado y unas frazadas contra el frío de la madrugada. Tenía 64 años, signos visibles de desnutrición y heridas sin atender.

Según su propio testimonio, fue su yerno quien lo expulsó del domicilio. Sus hijos, Jeny y Juan Flores Maquera, trabajaban cerca del cementerio y dieron una versión distinta: que Félix escapaba del hogar y gastaba el dinero en alcohol. La regidora distrital Nataly Paz Pola grabó un video denunciando el caso en marzo de 2025 y advirtió algo que resume el fracaso institucional: el distrito de Majes no tenía ningún albergue para personas en situación de abandono. Félix fue trasladado a un centro de salud mental, pero no pudo ser atendido por falta de especialistas.

Un año después, el 21 de marzo de 2026, Félix fue hallado sin vida en el bosque de Majes, a metros del mismo cementerio. Su último deseo era claro: que lo enterraran junto a su esposa. Sin familiares confirmados en el lugar, existe el riesgo real de que acabe en una fosa común. La pregunta que nadie en Majes supo responder sigue en pie: ¿cuántas personas mayores están muriendo solas mientras el sistema mira hacia otro lado?

