Rafael Vergara era el hermano mayor de Sofía cuando lo mataron a tiros durante un intento de secuestro fallido en Colombia. No había dejado de ser un blanco. Según contó la propia actriz, él sabía que era objetivo de secuestro y siempre andaba con guardaespaldas, hasta el día en que salió solo. Ella, que entonces criaba a su pequeño hijo Manolo, tuvo que asumir la responsabilidad de toda la familia. Dijo que el crimen destruyó a su madre y cambió sus vidas por completo.

Tras el asesinato, Sofía se llevó a su madre, a su hermana y a su hermano menor, Julio, a vivir con ella en Miami. Pero el dolor no se quedó en Colombia. Julio cayó en una espiral de alcohol y drogas que pasó por la marihuana, la cocaína y el crack. Acumuló más de 30 arrestos y, en 2011, un juez de inmigración ordenó su expulsión del país: fue deportado de vuelta a Colombia.

Años después, al interpretar a la narcotraficante Griselda Blanco en la serie de Netflix, Vergara reconoció que esa herida le dio una mirada muy personal de ese mundo. Lo que para el público era ficción, para ella tenía rostro de familia.

