Melissa McCarthy tenía un Óscar por delante y ningún vestido que ponerse.

No por falta de dinero ni de gusto: cinco o seis diseñadores de alto nivel, de esos que visten a medio Hollywood, le dijeron que no. Ninguno quiso coser un vestido para su talla. Ella misma lo contó en Redbook, sin dramatismo, como quien recuerda una humillación que ya superó: “Casi siempre me decepciono cuando voy de compras”.

En lugar de esperar a que alguien la aceptara, Melissa se hizo cargo. Lanzó su propia línea de ropa de tallas grandes, pensada para mujeres que escucharon el mismo “no” que ella. Hoy, con 56 años, bajó entre 40 y 43 kilos, pero la marca que nació de aquel rechazo sigue ahí, recordándole a la industria que la elegancia nunca debió tener talla única.

