Antes de los Balones de Oro, antes de las camisetas número 7 vendidas por millones, hubo un adolescente en Lisboa que recibía 50 euros al mes. Cristiano Ronaldo tenía apenas 12 o 13 años cuando el Sporting de Portugal le pagó su primer sueldo por jugar al fútbol.

No lo gastó en nada llamativo. Con ese dinero se compró los libros de la escuela, los cuadernos y hasta la maleta donde los cargaba todos los días.

Él mismo lo contó años después: para un niño que venía de una familia sin recursos en Madeira, esos 50 euros eran una fortuna. También ganaba 5 euros extra cada vez que trabajaba como recogepelotas en los partidos del primer equipo.

Hoy sabemos cómo termina la historia: ascenso al primer equipo por 2.000 euros mensuales, el salto al Manchester United con 150.000 euros al mes, y el día en que le pidió a su madre, Dolores Aveiro, que dejara de trabajar. Pero todo empezó con un niño pagando sus propios útiles escolares.
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