Tempe, Arizona, 1997. Bill Hader todavía no era nadie en Hollywood, solo un acomodador con el pelo largo que revisaba entradas en un cine cualquiera. 🎬
Un grupo de chicas de una hermandad universitaria le bloqueó la entrada y empezó a burlarse de su look, comparándolo con Charles Manson. Hader aguantó lo que pudo. Después les rompió los tickets, las dejó entrar a ver Titanic y les soltó, sin anestesia: el barco se hunde y Jack muere congelado.

Su jefe, cuentan, se rió del asunto. Pero las clientas presentaron una queja formal y el cine no dudó: lo despidieron ese mismo día. Años después, esa misma actitud sin filtro lo llevaría a Saturday Night Live y al estrellato. 😅
